Espejito espejito
Escribir un blog parece tarea fácil, pero las apariencias, como en muchas otras cosas, son engañosas.
Para escribir un blog, se necesitan una serie de cosas. Por supuesto, un tema y, ciertamente algunas habilidades, pero además, constancia y paciencia y, sobre todo, una enorme cuota de perseverancia y fortaleza para no claudicar a mitad de camino.
Este no es mi primer intento y, probablemente, tampoco sea el último.
Existe mucha gente que escribe y, a muchos de ellos les admiro por sus capacidades. No pretendo ser mejor que ellos. Ciertamente siempre hay alguien mejor que uno y, siempre uno es mejor que otros, mi afán no es competir, sino simplemente, ser, estar, participar y compartir algunas de mis pasiones.
Compartir lo que leo.
Más de una vez, con conocidos y amigos, he dicho que me encanta leer, y es cierto. Pero también me gusta compartir lo que leo, lo que no siempre es fácil. No siempre hay un alguien con quien comentar temas que a mi me fascinan, simplemente porque cada quien esta en su momento, con sus intereses y sus temas y, armonizar con ellos es mas una rareza que una constante.
Me imagino que a muchos de ustedes les habrá ocurrido algo similar. Vemos una serie en el cable, una publicidad en la TV, leemos una noticia en un diario y, nuestra mente se disipa en otros paisajes, vuela a otras épocas y baila en otras fiestas.
Pero no solo eso, sino que además, nos pone en contextos diferentes, donde lo que importa, no es el mensaje original, ni el mensaje oculto detrás de la señal original, sino, sus valores, las virtudes involucradas o, la falta de ellas.
Las trampas del juicio.
Criticar es fácil, juzgar parece sencillo y, de hecho, resulta un “embrolladero” en el que es muy fácil caer y al que la falta de control de la voluntad, parece empujarnos cuando no somos realmente, los que llevamos las riendas.
Hace algunos días, leí, un mensaje de aquellos que me llevaron a nuevas y fecundas ideas, como no lo tengo a la vista, lo cuento así:
En el mundo hay, aproximadamente unos 8.200 a 8.300 millones de personas, de todas ellas, una no sabe como debo vivir mi vida y, esa persona, soy yo.
La idea es simple, pero no por ello menos ilustradora del punto. Muchos estarán dispuestos a decirte (y decirme) como debes vivir tu vida: “debes pensar en…”, “debes manejar tus emociones”, “lo que tienes que hacer es…” pero solo uno, solo tú, sabe lo que piensas, lo que sientes y la forma en la que viviste una determinada experiencia.
Mirarme en mi espejo, o en el de otros.
Ciertamente, cada uno es, aparentente, el mejor y más directo conocedor de si mismo. En la filosofía subjetivista a eso le llaman la “preeminencia del yo”. Pero, yo puedo creer que soy un escritor razonablemente bueno, como para escribir un blog y, en realidad superar mi “Máxima Incapacidad Tolerable”.
Las opiniones de los demás nos ayudan a contrarrestar el sesgo de juicio del yo y, aportan en la construcción de nuestra imagen del yo, en nuestro auto-juicio, equilibrando la balanza para llegar a un veredicto más ecuánime y justo.
Así, la lectura de un meme, me recordó una sección de los Versos Áureos, escritos entre los Pitagóricos y atribuidos, no pocas veces, al propio Pitágoras:
"¡Y no permitas que un dulce sueño cierre tus cansados ojos, antes de haber examinado tres veces cada una de las acciones del día!
'¿En qué he faltado? ¿Qué he hecho? ¿Qué deber he dejado de cumplir?'
Comienza por el principio y recórrelo todo, y repróchate los errores y alégrate de los aciertos. Esto es lo que hay que hacer: a ello has de aplicarte; a ello has de amar si quieres seguir los caminos de la virtud divina."
Ciertamente es bueno, justo y necesario, revisar nuestro quehacer diario, someterlo a escrutinio para tratar de enmendar rumbo. Nada hacemos que sea perfecto, pero todo lo que hacemos es perfectible. Incluso, mirar en lo profundo de nuestro ser. Nuestra mirada es importante, pero parcial, y puede perfeccionarse y, la mirada de los otros, es importante, pero también es parcial.
El filo de la navaja.
Sandra Mihanovic, una cantante argentina, cantaba:
No tengo que dar
Excusas por eso
A nadie hago mal
El sol sale igual
Y eso, también es verdad, pero la verdad no pasa de ser, creo, una ficción que nos creamos, todos y cada uno, con los datos tomados de la realidad. Mi verdad, así como la de muchos, es que Soy lo que soy. La verdad de los demás, sobre mi persona, es que soy lo que soy, pero debería ser de otra forma y, la verdad, yo también creo que es así.
Pero creo que si quiero “seguir los caminos de la virtud divina”, debo buscar el mejor camino y, lo que yo pienso de mi mismo esta muy hacia un lado y, lo que piensan los demás muy al otro. El mejor camino esta en algún punto intermedio y, para encontralo, no basta con dividir la distancia entre dos, sino hacer el mejor juicio posible, de mi verdad y de la verdad ajena.
Salomón, se ha transformado el arquetipo de la justicia, pero ello se debe a que es también un ejemplo de sabiduría, gracias a que, en lugar de riquezas, longevidad o el poder sobre sus enemigos, pidió a su Dios: “un corazón con entendimiento para juzgar a tu pueblo y para discernir entre lo bueno y lo malo”.
¡Un corazón con entendimiento! Intelecto si, pero intelecto con capacidad de emoción, de caridad, de firmeza y de amor.
Es con “un corazón con entendimiento” con el que debemos buscar ese camino del medio, duro de transitar como el filo de una navaja, pero por el cual podremos, espero, transitar los caminos de la virtud divina.


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