Las obras y los Obreros

Las obras y los Obreros


Foto de Anton Belitskiy de Pexels: https://www.pexels.com/es-es/foto/fotografia-de-personas-divirtiendose-954623/

 Ni ha buscar sabios, ni ha buscar perfectos.

Nos cuenta Platón que un amigo de Sócrates, Querefón, visitó el Oráculo de Delfos para preguntar si había un hombre más sabio que Sócrates, el Oráculo respondió: mēdena sophōteron einai, literalmente: “nadie mas sabio ser”. Esa respuesta impulso a Sócrates a salir en la búsqueda de alguien mas sabio y demostrar que el oráculo se equivocaba.

 

Me imagino que Sócrates, no sólo descubrió un método para buscar sabios - que de hecho es lo que le ocurrió - sino que además debió darse cuenta de que algunos eran mas hábiles que otros en ciertas áreas del conocimiento y la práctica, pero que ninguno lo era en todas.

 

Puedo imaginarme que Sócrates interrogando a los políticos, y descubrió que podían ser muy hábiles en retórica, pero que no por ello eran buenos, o virtuosos carpinteros.

 

Me imagino también que, como le ocurrió con los artesanos, estos eran muy hábiles, y sabios en sus artes y que, como consecuencia, se creían sabios en otras, sin serlo realmente.

 

Me puedo imaginar que encontró hombres y mujeres, diestras, hábiles y tal vez incluso sabios, pero no perfectos y, que tal vez, habría concordado con Voltaire, si le hubiera visto y escuchado diciendo que “Lo mejor es enemigo de lo bueno”. Ambos a su forma y manera, fueron diestros en el pensamiento, ordenado y estructurado.

 

En nuestro mundo actual, sin estar necesariamente buscando sabios, nos encontramos frente a esta verdad más de una vez.

 

Obras y Artistas

Nos ocurre que conocemos gente o, sabemos de personas que, descuellan en ciertos quehaceres, espectaculares artistas, destacados científicos o deslumbrantes pensadores, pero no nos atreveríamos a colgarles el mote de sabios.

 

Pero aún sabiendo esto, nos encontramos considerando que un ser humano en particular, no es adecuado para cierta función, por que no reúne características que, en realidad no son necesarias para la función que se le pedirá. Cómo si el zapatero tuviese que ser un exageradamente competente administrador de empresas. También nos encontramos con frecuencia con quienes dejan de lado las obras de alguno, por que tiene fallos o vicios en otras actividades.

 

Para ejemplo, basta un botón. Hay gente que no quiere ni escuchar hablar de Neruda, el poeta chileno, por que - como el mismo relata- “tomó” y mantuvo relaciones sexuales, a toda luz, no consensuada con una mujer de etnia tamil mientras era embajador en Ceilán. 

 

Analizando los propios textos de Neruda, no se puede deducir que hubiera consentimiento, sino mas bien lo contrario. Por otro lado, ella era su empleada, por lo que habría un abuso de poder, jerárquico. Y él de forma, bastante concreta, dice que esa mujer “hacía bien en despreciarme”, con lo que él justifica una valoración moral negativa de su acto.

 

No pretendo defender lo que Neruda hizo, ni mucho menos. El hombre cometió un acto con el que no puedo simpatizar ni empatizar en forma alguna. Pero creo que ello no da pie para despreciar sus habilidades en otras áreas, como la poesía.

Ni su reprochable actitud hacia las mujeres, ni su postura política, hace que su poema sea reprochable. Nada de ello, reduce la belleza y la profundidad de versos como este:

"Cuchara, cuenca

de la más antigua mano del hombre,

aún se ve en tu forma

de metal o madera

el molde

de la palma primitiva,

en donde el agua

trasladó frescura>

y la sangre salvaje

palpitación de fuego y cacería."

 

No por sus hechos, estamos obligados a desparecer sus obras. Si así fuera, poco rescataríamos de las obras de la humanidad. Los volúmenes de la historia se reducirían, tal veza a un folleto y, sin el nutrido pasado que nos ha permitido llegar hasta donde hemos llegado, el presente sería otro muy distinto y nuestra esperanza de futuro sería más bien flaca y débil.

 

Si las humanas flaquezas de unos nos obligasen a desechar sus logros, el orgullo e ínfulas de superioridad de Fleming, tal vez nos dejarían sin penicilina, y el antisemitismo y las prácticas antisindicales de Henry Ford eventualmente nos obligarían a despreciar la producción en cadena o línea de ensamblaje.

 

Otro, cuestionable, escribió que “es mentira, que sea un caballero, cuando nadie me ve”, y con ello despliega una honestidad muy poco gentil, con la que parece, casi, enorgullecerse de sus errores

 

Los ejemplos podrían seguir hasta quedarnos con una triste mirada del pasado.

 

¿Con que ropa?

Con tanto error que he cometido en mi vida, ¿podrían estas letras ser leídas? O ¿sólo los sabios tendrían derecho, no digo a escribir, sino simplemente a existir? O, ¿el oráculo del Delfos debió responder a Querefón: mēdeis hikanōs sophos estin, nadie es suficientemente sabio”?

 

En época de elecciones, los de un bando lanzan críticas contra los del otro y pretenden establecerse como seres puros e impolutos, frente a depravados y equivocados en candidatura, pero ni son tan puros los unos ni tan reprochables los otros.

 

Por lo demás, el perfil del cargo no incluye necesariamente, la honestidad absoluta ni una rectitud infranqueable. No sólo queremos que los políticos luchen por nuestras causas, sino que queremos que ganen esas luchas, sobre aquellos que afectan nuestras vidas y derechos. Lo que queremos, es que los políticos los suban a la palestra, como subían a la palaistra los boxeadores de la antigua Grecia, a distraer con la izquierda para dar un definitivo golpe con la derecha y con ello obtener el triunfo y la fama.

 

Por lo demás, el límite entre lo que aceptamos y rechazamos desde un punto de vista moral no es tan claro como la que hay entre día y noche. Dar monedas a un mendigo resuelve su drama inmediato, pero, enseñarle a ganarse “las monedas” le resolvería el problema permanente. Así que vale preguntarse ¿que hay de bueno en dar una monedas al mendigo?

 

Todas nuestras acciones son entonces cuestionables, o al menos la gran mayoría. Y aún cuando pudiéramos tener éxito en aquellas que nos alejan del mal, el mal del que nos alejamos, perdura y nos condena, junto con nuestras acciones, a cerrar la boca, dejar en reposo el lápiz y escondernos en nuestras vergüenzas. Llevamos la mochila, cargada con nuestras acciones pasadas, ellas pueden ser un lastre, o un fundamento.

 

Soy un firme creyente de que la opción de despreciar todo lo que un ser humano hace, por que ha cometido algunos o muchos actos cuestionables o incluso despreciables, como humanidad no nos sirve. Debemos tomar lo bueno de cada quien, sin justificar los despreciables medios por la bondad de los resultados, y tal vez incluso, agradecer y disfrutar del producto, sin perdonar al autor cuando sus fallos son mayores.

 

Que cada quien reciba lo que le corresponda

Se considera un acto de justicia, darle a cada quien lo que le corresponda. Parece necesario que en esa “clausula”, haya letra chica y, que cada quien reciba lo que lo corresponda… en virtud de sus actos específicos. Porque sólo en nuestros propios y personales “juicios finales” se habrá escuchado nuestra canción, completa y sólo entonces el juicio podrá ser justo, por lo pronto, es una noticia en desarrollo.

 

El poeta argentino Pedro Palacios, uso el seudónimo Almafuerte, - cuestionable y muy argentino, de por sí-. Como ocurre en todas las artes, no todas sus obras gustan a todos ni a cada uno. Hay de hecho un poema suyo que me resulta destacable en esto: Los Incurables.

 

En una estrofa, que me suena a voz en alto, clara y sonora, como la de Alberto Cortés, que la cantaba, dice: “Todos los incurables tienen cura”.

 

Curarse de nuestras falencias, de nuestros vicios y evitar cometer errores en el futuro es algo posible, por incurables que nos parezca ser. Y todos los seres humanos, o al menos la inmensa mayoría, somos incurables que tenemos cura.

 

Si perdemos la capacidad de creer en que los seres humanos, son imperfectos pero perfectibles, incurables con cura, nos negamos la capacidad de evolución, desarrollo y de progreso, no sólo como humanidad, sino también, como persona: me niego a mi mismo, la capacidad de cambiar y progresar.

 

Por ello, lo de que cada quien reciba lo que le corresponda no es sólo una expresión de justicia, sino también de esperanza. Si el que comete actos reprochables se le reprocha, podría ser que perciba el mensaje y emprenda el camino de “la cura”.

 

No puedo dejar de recordar ahora, a Mussolini, un dictador despiadado, racista, propulsor y actor importante del nazismo, asesino… reprochable de principio a fin. Cuando trataba de huir de la Italia que gobernaba, mientras el sistema se le caía a pedazos, fue capturado, sometido a un seudo-juicio sumario por sus más acérrimos enemigos - los partisanos comunistas - y fusilado. Pero no bastó con eso: lo trasladaron en camión desde el lago Como a Milán (unos 70 kilómetros) y su cuerpo fue arrojado en la Piazzale Loreto, donde la muchedumbre enfurecida, pateó, escupió y mutiló los cuerpos de Mussolini, su amante y otros jerarcas nazis, hasta que decidieron colgar los cadáveres por los píes, de una viga de una gasolinera cercana.

 

Conocidos los actos, y vistos con el filtro de las emociones, todo resulta bastante lógico. Vistos los actos, desde un punto estrictamente lógico, todo indica que se les pasó la mano”, o como podría decir un italiano: Ci sono andati giù pesanti (Fueron a ello con fuerza). Por el rechazo a las obras, destruyeron a la persona y, se ensañaron con sus restos.

 

La leyenda popular atribuyó a San Francisco la frase: “Bienvenido seas, mi hermano asno, porque te he tratado mal y he puesto sobre ti cargas pesadas” jugando con la idea de que nuestro cuerpo, es una bestia de carga sobre la que cabalgamos., un habitáculo para el alma, para el propio ser. Los italianos se ensañaron con el asno, cuando ya no tenían a mano al jinete. Cuando despreciamos el poema, queriendo despreciar al poeta, hacemos algo parecido, proporcionalmente distante, pero parecido.

 

Puede que un acto de justicia no pueda llamarse justicia, sino incluye una pinta de caridad. No de perdón y tal vez incluso, ni siquiera de empatía, pero sí, de caridad.

0 Comentarios :

Publicar un comentario