De gustos y disgustos
Resulta interesante darse cuenta de que el refranero popular es mantenido en el tiempo y expuesto como sabiduría ancestral, respetable e incuestionable, a pesar de que se merece, al menos, una replica: depende, todo depende.
Repetida hasta el cansancio, ayer, a diferencia de muchas otras veces, una frase fue lanzada al aire y, en lugar de entrarme por un oido y salirme por el otro, me quede, por un instante, congelado. Doy gracias porque no sufro de esa forma de epilepsia llamada el pequeño mal, o crisis de ausencia. Simplemente, “algo me hizo ruido”.
Con tanto bombardeo de publicidad, tanta forma y método descrito y usado para hacerme votar por uno u otro candidato en una determinada elección. Tanto estudio aplicado en la práctica, para que en el supermercado compre A en lugar de F, pero agregue además un M, o incluso un MyM, me llevan a cuestionar aquello de que “sobre gustos no hay nada escrito ”, independientemente del nivel de ironía con que se diga la frase.
Usos y costumbres
Esta escrito en la biblia: “Buscad y hallareis”, muchos la han moldeado para decir: “Buscad y encontrareis”. Concentrándonos, si buscamos que se ha escrito sobre los gustos, la lista resulta llamativamente extensa y los autores, nada de desconocidos: Kant, Hume, Voltaire, Bourdieu, Veblen, Umberto Eco, Bayer, Valverde, sólo por mencionar algunos de los resultados de búsqueda que nos entrega Doctor Google, Miss Gemini o Uncle ChatGPT. Ciertamente que los autores abordan el tema desde las más variadas perspectivas.
Una frase similar, habría sido usada por Julio Cesar unos 55 años antes de Cristo, para hacer ver que la cortesía primaba sobre los gustos o disgustos de comer algo, bien o mal preparado. La historia habría comenzado por ahí, pero la frase habría mutado, para cambiar de destino y, durante la edad media se usaría para hacer presente que, sobre gustos es mejor no discutir o, que no es razonable perder tiempo discutiendo sobre lo sensorial.
Posteriormente, se usaría para fundamentar el que sobre lo sensorial, los gustos, toda opinión es valedera y que en consecuencia, los gustos deben ser ponderados sin prejuicios ante una manifestación de cualquier otro, sea de mayor prestigio social o académico o no.
Hoy por hoy, se le da varias connotaciones diferentes. Normalmente se usa para indicar que hay tanta diversidad de opciones entre las cuales elegir, que lo elegido no importa, lo que importa es poder ejercer el libre ejercicio de elegir. Sin embargo, en épocas de elecciones y con tono irónico, se entiende que, la elección del otro es propia e individual, pero “peor” que la de quien emite la frase.
Gustogénesis
He dicho y repetido varias veces en mi vida que “yo no soy lo que pienso, sino lo que piensa”, a estas alturas de mi vida, no recuerdo cuando lo dije por primera vez, ni si la frase es mía o la robe de otro, o la tome prestada de algún libro. Por simple analogía, me parece lógico pensar que “yo no soy lo que me gusta, sino el que gusta” y, por más que alguien, péndulo en mano, pidiendo concentración, me diga y repita que “eres un pan con mantequilla”, prefiero creer que mis gustos no nacen de manera tan burda, ni que soy un pan con mantequilla.
Tampoco puedo dejar de recordar, que a mis hijos les parecía aborrecible el sabor de los morrones (Capsicum annuum) y con el desarrollo y la madurez, lo incorporaron a sus dietas. Los gustos cambian y, si bien me sigue gustando ver a los Aristogatos, ya no los veo con los mismos ojos.
Pero hay sabores que se quedaron en mi, me traen de esos recuerdos que se me han hecho imborrables. El olor a chancaca, me recuerda las “montañas” de galletas d navidad que hacía con mi Omama. Ese sabor, tiene su propio “gusto”, el placer del recuerdo de mi niñez. Hay gustos que podrían ser incluso, mas tempranamente adquiridos.
Hay otros gustos, que he adquirido por imitación. La familia en la que fui formado, leía con fruición, más de una vez, leímos en voz alta, cambiando de turno, cuando nos cansábamos o nos daba sed. Participar de esas lecturas, era ser parte del grupo, selecto y culto, que leía.
Dibujar el personaje
Si hiciera una lista de todos mis gustos, con ellos no se podría hacer un esquema que defina quien soy, tal vez sí “cómo” soy. La diferencia entre ese “quien” y ese “como” es importante.
La forma, el “como” me presento es variable, depende y es modulado por cada circunstancia. La forma en que nos comportamos – nuestro personaje – cambia de situación en situación y de contexto en contexto, pero el actor, tampoco es tan fijo como podría suponerse, también cambia, pero a su propio ritmo.
Los cambios que vive el actor, son en parte, consecuencia de los personajes que dibuja y del nivel de éxito que ellos tienen. Ese éxito depende en parte, de la autoevaluación, de sentirse cómodo con esa lista de gustos, pero, al definir estos gustos, la forma en que se actúa, la evaluación del éxito del personaje, también depende de la aceptación del público.
En este proceso de alimentación y retroalimentación, surge una relación que no es meramente intelectual entre lo que se es y el como se es. Surge una relación que podríamos catalogar de afectuosa. El actor perfila un personaje, el personaje tiene éxito y el actor se siente apreciado y valioso por ser capaz de producir al personaje, con lo que su autoestima aumenta. El actor quiere a su personaje, el yo vive sentimientos de apego y afecto por sus gustos.
El origen del sufrimiento es el apego
Esta frase atribuida al Buda Gautama, nos presenta el riesgo involucrado en este afecto que puede sentir el yo y los gustos que percibe. Los seres humanos tenemos gustos diferentes y ellos perfilan y modulan la forma en que actuamos, nos diferencian a unos de otros y, en consecuencia, parcialmente definen nuestra identidad.
Aceptamos como una verdad, el que a todos no les gustan las mismas cosas y que nuestros gustos, pueden no ser del agrado de otros. Pero cuando se nos critica algún “gusto”, podemos sentirnos atacados en nuestro fuero más intimo.
La crítica a los gustos, atenta contra la autoestima del destinatario. Tanto más cuanto mas intenso el apego que el actor, sienta por su personaje, puede llegar a sentir que la crítica a sus gustos, es un atentado contra él.
Borrar el mandala
Para mi, refuerza la idea de que “yo no soy lo que me gusta, sino el que gusta” pero además, la idea de que lo que me gusta, cambia.
Enfrentado a un guiso que nunca he probado, no puedo aseverar o negar que me guste, podré hacer una predicción, pero no una aseveración. Por el contrario, una vez probado, tengo los primeros datos para formular un juicio y, tomar una decisión. Lo que no conocía, y en consecuencia no me gustaba, ahora puede ser que sí me guste, que entre en mi lista de gustos, que redibuje mi personaje.
Así como los seres humanos somos imperfectos, pero perfectibles, así también mis gustos y mi personaje, son imperfectos pero perfectibles. Si me aferro a mis gustos y confundo la obra con el artista, la crítica a mis gustos puede afectar mi autoestima, pero si reconozco y tomo consciencia de que son cosas diferentes, puedo incluso, buscar los aspectos de la crítica con los que puedo concordar y, usarlos para hacer una mejor versión de mis gustos.

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